jueves, 9 de febrero de 2012

LA MUJER EN EL MINISTERIO CRISTIANO

Si bien es cierto que Dios ha establecido dentro del hogar un orden claramente diseñado, es igualmente claro que las mujeres son llamadas y dotadas por Dios, dirigidas por su Espíritu para dar fruto digno de su llamamiento en Cristo. En el Nuevo Testamento hay mandamientos para las mujeres que tienen que ver con el sometimiento. Un ejemplo de ello es el verbo griego jupotásso, que ocurre con frecuencia con el significado de “colocarse bajo” o “someterse” (comp. 1 Timoteo 2:11). La palabra traducida al español como “sujeción” proviene de la misma raíz. En tales contextos estas expresiones griegas no deben entenderse en ninguna otra forma que en una positiva amonestación acerca del diseño de Dios para el hogar, donde se anima a las mujeres a aprender en silencio y sumisamente, confiando y laborando dentro del propio plan de Dios.


Sin embargo, esta orden a la mujer de sumisión en el hogar, no debe ser interpretada como que a ellas no se les permite ministrar sus dones bajo la dirección del Espíritu. Ciert
amente, es el Espíritu Santo quien asigna los dones según Su voluntad para la edificación de la Iglesia (1 Corintios 12:1-27; Efesios 4:1-16). Los dones no son otorgados a los creyentes sobre el criterio del género; es decir, no hay indicios en las Escrituras de que algunos dones son solamente para los varones y otros reservados para las mujeres. Al contrario, Pablo afirma que Cristo proveyó dones como un directo resultado de su propia victoria personal sobre el diablo y sus esbirros (comp. Efesios 4:6 en adelante). Esa fue su decisión personal, darlos por su Espíritu a quienquiera que Él lo desee (comp. 1 Corintios 12:1-11). En los asuntos del ministerio de las mujeres, nosotros los cristianos debemos afirmar el derecho del Espíritu Santo de ser creativo con todos los creyentes para el bienestar de todos y la expansión de Su Reino, según le parezca a Él, y no necesariamente como lo determinemos nosotros (Romanos 12:4-8; 1 Pedro 4:10-11).

Además, un cuidadoso estudio de la totalidad de las Escrituras, indica que el mandato
de Dios para el hogar de ninguna manera debilita Su intención para que el hombre y la mujer sirvan juntos a Cristo como discípulos y obreros, bajo la dirección de Cristo. La clara enseñanza del Nuevo Testamento tocante a Cristo como cabeza del hombre, y el hombre de la mujer (véase 1 Corintios 11:4) muestra el aprecio de Dios de una representación espiritual piadosa dentro del hogar. La aparente prohibición a la mujer de tener posición de enseñanza/dominio parece ser una amonestación para proteger las líneas designadas por Dios de responsabilidad y autoridad dentro del hogar. Por ejemplo, el particular término griego en el muy debatido pasaje de 1 Timoteo 2:12, andrós, que con frecuencia ha sido traducido “hombre,” también puede ser traducido “esposo”. Con tal traducción, entonces podríamos decir que una esposa no debe tener dominio sobre su esposo.


La doctrina acerca de una mujer que al escoger casarse voluntariamente se predispone a
someterse a “estar bajo” su esposo, está en total acuerdo con el punto esencial de la enseñanza del Nuevo Testamento sobre la función de la autoridad en el hogar cristiano. La palabra griega jupotásso, que significa “estar bajo de” se refiere a la voluntaria sumisión de una esposa a su esposo (comp. Efesios 5:22, 23; Colosenses 3:18; Tito 2:5; 1 Pedro 3:1). Esto no tiene nada que ver con la suposición de un estado superior del esposo; más bien, se refiere al diseño de dirigente, de autoridad, que le es dado al esposo para protección y cuidado de su esposa, y no para destrucción o dominio (comp. Génesis 2:15-17; 3:16; 1 Corintios 11:3).

Ciertamente, la cuestión de ser la cabeza es interpretada a la luz de Cristo como cabeza sobre la Iglesia y significa la clase de jefatura piadosa que debe ser exhibida, en e
l sentido de un incansable cuidado, servicio y protección requeridos de un liderazgo piadoso.

Por supuesto, la amonestación a una esposa de someterse a un esposo de ninguna manera impediría que las mujeres participaran en un ministerio de enseñanza (por Ej., Tito 2:4), sino más bien, en el caso particular de las m
ujeres casadas, significa que sus propios ministerios estarían bajo la protección y dirección de sus respectivos esposos (Hechos 18:26). Esto confirmaría que el ministerio en la Iglesia de una mujer casada sería el de servir bajo la protectora vigilancia de su esposo, no debido a ninguna noción de capacidad inferior o espiritualidad defectuosa, sino para, como un comentarista lo ha dicho, “evitar confusión y mantener el orden correcto” (comp. 1 Corintios 14:40).


Tanto en Corinto como en Éfeso parece que la restricción de Pablo acerca de la participación de las mujeres fue causada por sucesos ocasionales, asuntos que se desarrollaron particularmente de esos contextos, y por lo tanto, se supone que deben ser entendidos bajo esa luz. Por ejemplo, el caso de los muy debatidos textos sobre el “silencio” de la m
ujer en la iglesia (ver 1 Corintios 14 y 1 Timoteo 2) de ninguna manera menguan la prominente función que las mujeres tuvieron en la expansión del Reino y el desarrollo de la Iglesia en el primer siglo. Muchas mujeres estaban envueltas en los ministerios de profecía y oración (1 Corintios 11:5), instrucción personal (Hechos 18:26), enseñanza (Tito 2:4, 5), dando testimonio (Juan 4:28, 29), ofreciendo hospitalidad (Hechos 12:12) y sirviendo como colaboradoras con los apóstoles en la causa del Evangelio (Filipenses 4:2-3). Pablo no relegó a las mujeres a una función inferior o un estado "escondido", sino que sirvieron junto a los hombres por la causa de Cristo: “Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor. Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en la causa del evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida” (Filipenses 4:2-3).

Aún más, debemos tener cuidado en distinguir la persona de la mujer per se (es decir, su naturaleza de mujer) y su función de subordinada en la relación matrimonial. A pesar de la clara descripción de la función de la mujer como coheredera de la gracia de la vida en la relación matrimonial (1 Pedro 3:7), también es claro que el Reino de Dios ha traído un dramático cambio sobre cómo las mujeres deben ser vistas, entendidas y aceptadas en la comunidad del reino. Es obvio que ahora en Cristo no hay diferencia entre el rico y el pobre, judíos y gentiles, bárbaros y escitas, siervos y libres, como tampoco entre hombres y mujeres (comp. Gálatas 3:28; Colosenses 3:11). A las mujeres se les permitió ser discípulas de Jesús y tuvieron prominentes papeles en la iglesia
del NT, incluso, algunas llegaron a ser colaboradoras de los apóstoles en el ministerio (por Ej., Evodia y Síntique en Filipenses 4:1 en adelante).

Con respecto al asunto de la autoridad pastoral, parece ser que el entendimie
nto de Pablo acerca de la función de equipar (de lo cual la función de pastor-maestro es uno de ellos, según Efesios 4:9-15) nada tiene que ver con el género (hombre o mujer). En otras palabras, parte del fundamento decisivo sobre la operación de los dones y el estado y función del oficio ministerial, son los textos del Nuevo Testamento que tratan sobre los dones (1 Corintios 12:1-27; Romanos 12:4-8; 1 Pedro 4:10-11 y Efesios 4:9-15). No hay indicación en ninguno de estos textos formativos de que los dones sean otorgados y ejercidos de acuerdo al género. Entonces, para que el argumento pruebe que las mujeres nunca deberían tener funciones de naturaleza pastoral o de equipar, el argumento más simple y efectivo sería mostrar que el Espíritu Santo simplemente nunca habría considerado dar a las mujeres un don que no fuera adecuado para el tipo de llamamiento que cada una recibiera. Las mujeres tendrían prohibido servir en el liderazgo porque el Espíritu Santo nunca le otorgaría a una mujer un llamado y los dones requeridos, por el simple hecho de ser una mujer. Algunos dones estarían reservados para los hombres, y las mujeres nunca recibirían esos dones.


Sin embargo, una cuidadosa lectura de esos y otros textos relacionados, no muestran tal prohibición. Parece que le corresponde al Espíritu Santo darle a una persona, hombre o mujer, cualquier don que la capacite para cualquier ministerio que Él desea que ésta desarrolle, según su voluntad (1 Corintios 12:11: “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”). Como un ejemplo más, la mayoría de los eruditos concluyen que el nombre “Junias” que aparece en Romanos 16:7 es un nombre femenino, refiriéndose a una colaboradora del apóstol Pablo que llegó a conocer a Jesucristo antes de él, de quien se refiere como una mujer “de alta estima” entre los apóstoles (por cierto, existe la controversia de si Junia era una mujer apóstol, o meramente una gran colaboradora de los apóstoles, pero cualquiera que haya sido su rol, queda por evidencia de que ella era una colaboradora dentro del medio apostólico del primer siglo). También se puede mencionar a Trifena y Trifosa como dos mujeres que “trabajaron mucho” en el Señor (Romanos 16:12).

Ya que creemos que todo cristiano llamado por Dios, dotado y dirigido por el Espíritu Santo debe cumplir su función en el cuerpo, conviene apoyar la función de las mujeres de dirigir e instruir bajo autoridad piadosa, la cual debería ser una autoridad que se someta al Espíritu Santo y a la Palabra de Dios, y que sea aprobada por el liderazgo de la iglesia. Debemos esperar que el Señor les dé a las mujeres una porción sobrenatural de la gracia de Dios para llevar a cabo Sus órdenes a favor de Su Iglesia y Su reino. Puesto que tanto los hombres como las mujeres reflejan la imagen de Dios, y que los dos son herederos de la gracia de Dios (comp. Génesis 1:27; 5:2; Mateo 19:4; Gálatas 3:28; 1 Pedro 3:7), se les da el alto privilegio de representar a Cristo juntos -hombre y mujer- como su embajador (2 Corintios 5:20), y por medio de su asociación ministerial completar nuestra obediencia a la Gran Comisión de Cristo de hacer discípulos a todas las naciones (Mateo 28:18-20).

11 comentarios:

Tu amigo, Sergio Marizuya L. dijo...

buen articulo, amigo.
GRacias esta bastante completo y abarca varias interrogantes que estan en el ambiente.
Gracias de nuevo. DTB
SERGIO Y EVELYN

Karel Golcher dijo...

Gracias Sergio y Evelyn. Espero que sea de utilidad para su ministerio.

josefonseca dijo...

hermano querido que buen artículo que Dios siga derramando su sabiduría oestos asuntos, necesito mayor información, sitios web, escritos, etc pues estoy trabajando en mi maestría sobre este tema, te agradecería en Cristo
Pastor Fonseca, maracaibo, venezuela

Karel Golcher dijo...

Pastor Fonseca,
Gracias por visitar mi blog. Dime específicamente en qué puedo apoyarte para tu investigación de Maestría.
Bendiciones!

Anónimo dijo...

hola me gusta tu comentario hermano es muy pero muy interesante, conocer para mi este tipo de opiniones soy una mujer que ama a Dios con todo el corazon y tengo un llamado pero me he estado enfrentando a tremenda oposicion por ser mujer,pues en mi pais hay muchas raices machistas en el liderazgo, y muchas veces he llorado preguntando a Dios, que hago con este fuego que no se apaga? tu articulo hermano para mi es la respuesta. BENDICIONES. ATTE. Sara Garcia de Saltillo, mex.

Karel Golcher dijo...

Hola Sara, me alegra mucho que este artículo haya sido de plena bendición para tu vida. Deseo que el Señor expanda tu ministerio de acuerdo a lo que las Escrituras enseñan respecto al rol de la mujer, pero también de acuerdo a los dones que el Epíritu Santo te ha otorgado. En Junio de este año 2012 estaré dando unas conferencias en tu país (Chiapas) precisamente acerca del rol de las esposas de los pastores. Muchas hermanas están deseosos de servir al Señor, pero el machismo les golpea.

¡Gózate en el servicio de tu Señor!

Anónimo dijo...

Es 100% cierto lo que dice la BIBLIA respecto al hombre y la mujer, y lo que usted describe biblicamente es así. DIOS no es humano para discriminar contra una mujer hecha a imagen y semejanza de DIOS...los pensamientos de los hombres...no son los pensamientos de DIOS...y los caminos de los hombres...no son los caminos de DIOS...El hombre ve la apariencia externa, pero DIOS mira el corazón... y DIOS le dio capacidad intelectual y aprendizaje a ambos por igual. Los únicos que ven diferencias son esos que sus corazones no han sido transformados por la sangre de CRISTO, y por lo tanto la luz del ESPÍRITU SANTO no ha podido disipar las tinieblas del egoísmo de aquellos que tienen complejo de superioridad sobre la mujer hecha a imagen y semejanza de DIOS como lo es el genero masculino...

CC Hay paz con Dios dijo...

Si desean profundizar un poco más en los pasajes limitantes, les invitamos a leer estos estudios bíblicos dados por el pastor Frank Viola:
http://haypazcondios.blogspot.com/2012/06/liderazgo-de-la-mujer-iii.html

Karel Golcher dijo...

Muchas gracias hermanos de "CC Hay paz con Dios". He leído el artículo del pastor Frank Viola "Liderazgo de la Mujer (Tercera Parte)"; creo que es una muy oportuna explicación exegética sobre los pasajes paulinos "limitantes" respecto a la mujer. ¡Gracias por el aporte!

Anónimo dijo...

Hermano:
Muy bueno su aporte con rspecto al tema, grcias a Dios por varones como usted. Tambien tengo un llamado pastoral y no asi mi esposo (que obviamente me apoya en todo), es dificvil para una mujer aceptar estos desafios, pero el SEÑOR NOS DA LAS FUERZAS y nos ayudará a responder a todos los que se oponen. La animo A LA HERMANA QUE TIENE OPOSICION POR LOS MACHISTAS A QUE CONFIE EN EL SEÑOR, ya que si el llama, el también prepara el momento y nadie pordrá estorbar AL QUE ELS EÑOR CAPACITA Y LEVANTA PARA EL MINISTERIO. Dios les bendiga
Marina

Anónimo dijo...

Muy bueno este articulo Dios no hace eseccion de personas tanto mujeres como hombres somos hijos de Dios lo importante es cumplir lo que dice la escritura acerca de nuestro rol como mujeres que Dios les bendiga.