martes, 11 de agosto de 2015

¿Por qué tantas mujeres visten muy escotadas en la iglesia?

Raquel era una hermana de la iglesia que en cierta ocasión llegó sorprendida a su casa por la forma en que una líder de alabanza había subido al escenario para cantar. Mientras ella y su esposo Luis entraban a casa, aprovecharon para comentar lo que habían visto en la iglesia. Ella, con cierta molestia, le comentaba a Luis: Tú simplemente no puedes usar algo como eso en el escenario. Su esposo sabía exactamente lo que ella quería decir. Luis le dijo: Tienes razón, durante el servicio de adoración, una de las líderes de alabanza llevaba un traje que apenas si cubría su piel, casi como un traje de baño muy ajustado, con una falda muy corta. Y yo, mientras recordaba las lecciones del libro de Stephen Arterburn y Fred Stoeker “La Batalla de cada Hombre”, cerré mis ojos mientras leíamos las letras de la alabanza o simplemente los cerré para evitar ver a esa mujer tan provocativa. “Cuando te vistes de esa manera”,  agregó Raquel, “te desenfocas de Dios y te enfocas en ti. Tú estás minando toda la razón por la que estamos en la iglesia.”

En un artículo (en inglés) de CharismaMag.com, Jennifer LeClaire sugiere que este problema sobre la ropa en la iglesia es preocupante:

Algunas mujeres—y estoy hablando de las que se llaman  “creyentes maduras”, no almas perdidas ni recién convertidas— vienen al santuario de Dios los domingos por la mañana usando cierto tipo de ropa que tú esperarías ver en un club de baile mundano. Sus blusas se aferran a sus cuerpos, sus escotes son muy profundos y se extienden de manera amplia que revelan sus senos; y las aberturas a los lados de sus faldas ofrecen más que una mirada inocente de sus muslos. Una vez más, no estoy hablando de las pecadoras que buscan a Dios o de nuevas creyentes que simplemente ignoran cómo es la vida cristiana. ¡Estoy hablando de las que dicen ser “nacidas de nuevo, bautizadas, compradas por sangre”, miembros de la iglesia!

Pablo instruyó a Timoteo a que las mujeres deben “adornarse de ropa decorosa, con pudor y modesti2" (1 Tim. 2:9). Independientemente de qué tanto calor haya afuera como para vestir así o cuán ocupados estemos como para ponernos cualquier cosa para vestir, no hay justificación para que mujeres llenas del Espíritu Santo vengan a la iglesia vistiendo ropa que cause que algunos hombres presten más atención a las cosas de la carne que a las cosas del Espíritu.

Sin embargo, otras mujeres cristianas piensan que tal impulso hacia la modestia tiene sus raíces en avergonzar a los miembros femeninos de una congregación. El uso de este tipo de lemas como “la modestia es más sensual” hace que las mujeres se sientan como si fueran la causa de la tentación, en vez de enseñarles a verse a sí mismas como hermosamente hechas a la imagen de Dios. El año pasado, Sharon Hodde Miller sugirió tres maneras de abordar el problema:

¿Cómo discutimos el tema de la modestia de una manera que celebre al cuerpo femenino sin objetivar a las mujeres, y aún así exhortar a las mujeres a la pureza? La primera solución es renunciar al lenguaje que avergüence al cuerpo. La vergüenza es grande en el tema de la modificación del comportamiento, aun cuando la vergüenza no se manifieste. Pero el lenguaje basado en la vergüenza no es la retórica de Jesús. Es la retórica de su enemigo.

La segunda solución, es afirmar el valor del cuerpo femenino. El valor o significado del cuerpo de una mujer no es la razón de la modestia. Los cuerpos de las mujeres no son inherentemente una distracción o una tentación. Por el contrario, los cuerpos de las mujeres glorifican a Dios. Me atrevería a decir que los senos de una mujer, las caderas y los labios, ¡proclaman la gloria del Señor! Cada parte femenina le honra. Él creó el cuerpo de la mujer y eso es bueno.

Por último, el lenguaje acerca de la modestia debería centrarse no en ocultar el cuerpo de la mujer, sino en la comprensión de rol del cuerpo creado. La inmodestia no es la exposición indebida del cuerpo per se, sino la orientación incorrecta del cuerpo. Se exhorta a hombres y mujeres a perseguir una modestia con la cual se minimice nuestra gloria y se maximice la gloria de Dios. El cuerpo, el espíritu y la mente, todos tienen un rol creado que está intrínsecamente centrado en Dios. Cuando nosotros mismos nos colocamos en el centro en vez de Dios, mostramos lo más alto de nuestra inmodestia.

Miller hace un punto importante aquí. La iglesia tiene que hacer un mejor trabajo enseñando una “teología” del cuerpo que no está arraigada en la vergüenza. Todos nosotros estamos diseñados y maravillosamente hechos por Dios (Salmo139:14). Todo lo que Dios le dio a las mujeres fue creado como “muy bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Pero al mismo tiempo, nuestra naturaleza caída ha impactado la forma en que (especialmente los hombres) vemos los cuerpos de las mujeres. La naturaleza de la carne se interpone en el camino de lo que antes era una postura perfecta de la pureza del uno hacia el otro. Si bien ya no somos esclavos de nuestra naturaleza pecaminosa (Romanos 6: 6), eso no significa que nuestra mente no albergue a la impureza (Romanos 13:14). Tanto hombres como mujeres deben vivir y vestir de manera que humildemente ayuden a otros en sus debilidades (Gálatas 5:13).

Además, también hay que tener en cuenta las motivaciones que hay detrás de los que diseñan tal ropa. ¿Están haciendo trajes que descubren la piel porque ven a las mujeres como la creación de Dios o lo están haciendo así para explotar sus cuerpos?

¿Y tú qué opinas? ¿Qué piensas acerca de la elección de ropa para la iglesia?

viernes, 7 de agosto de 2015

¡BÍBLICAMENTE PUEDES CAMBIAR! Curso Auto-Confrontación, Sesión #2

“No juzguéis para que no seáis juzgados... ¡Hipócritas! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces veras bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.” (Mateo 7:1, 5)

Ya que Dios, por su gracia, ha provisto todo lo necesario para que vivas una vida que le agrade, debes depender solamente de Su poder, Su plan y Sus recursos para lograr Su propósito en tu vida (Isaías 55:6-11; Romanos 8:28-29; 1 Corintios 1:30-31, 2:9-13; Efesios 1:3-6, 2:8-10; Filipenses 1:6, 2:12- 13; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:2-10; 1 Juan 5:4-5).

Después de que recibes la salvación por la gracia de Dios, a través de nuestro Señor Jesucristo, tu crecimiento en Cristo y aptitud para ayudar a otros bíblicamente, será proporcional a tu fidelidad de examinarte y de aplicar las verdades de Dios a tu vida (Mateo 7:1-5; Romanos 12:1-2; 1 Corintios 11:3 1; Gálatas 6:1-5; Hebreos 5:12-7 4; 1 Juan 1:8-9).

Debes arraigarte, sobreedificarte y confirmarte en el Señor Jesucristo, y no debes ser conformado a este mundo (Romanos 12:1-2; Colosenses 2:6-10). Tienes que practicar la Palabra de Dios para madurar (Mateo 7:24-2 7; 2 Timoteo 3:16-1 7; Hebreos 5:12-14; Santiago 1:22-25; 1 Pedro 2:2; 2 Pedro 1:4-11; 1 Juan 2:5).

Te invito a que escuches el audio de la sesión #2 del curso de auto-confrontación, "Bíblicamente Puedes Cambiar", el cual impartí en Xela, Guatemala, en Septiembre de 2014. ¡Deseo que Dios hable a tu corazón para iniciar el cambio bíblico en tu vida!