En el mundo de hoy, donde el compromiso muchas veces no
se valora mucho, tenemos que levantar personas que se dediquen a los propósitos
de Dios, usando su vida, su energía y sus recursos.
La iglesia que estamos construyendo hoy en día es más que
un edificio físico, es una red viva de relaciones que durarán toda la vida.
Aquellos que se comprometen con la iglesia local (¡con
Dios!) lo expresan en cinco aspectos:
1. Teniendo
Convicción
Las personas deben estar
convencidas, es decir, deben tener una gran confianza en que la iglesia local
es un lugar donde ellos pueden dar su vida para crecer, aprender, dar, edificar
y bendecir.
Si yo no fuera pastor, aún así
yo estaría comprometido con la iglesia. Mi compromiso no comenzó después de
convertirme en un líder o pastor o anciano. Si tú no fueras pastor o líder de
iglesia, ¿aún así estarías comprometido porque te fascina la casa de Dios?
2. Valorando
la Iglesia Local
Cuando las personas valoran
algo, lo estiman altamente y creen que eso es de vital importancia.
Los valores rigen la vida de
las personas y están en el centro de lo que verdaderamente somos. Lo que
creemos es la más grande y alta prioridad de nuestras vidas.
Las personas que valoran la
iglesia local moverán sus vidas alrededor de la iglesia, no la iglesia
alrededor de sus vidas.
3. Teniendo
Pasión por la Iglesia Local
Las personas comprometidas son
fervientes en espíritu y tienen un corazón lleno de devoción, servicio y
liderazgo. La pasión dirige todo. Es la fuerza motriz interna que mueve a la
gente hacia la toma de decisiones. Las personas deben apasionarse por las
mismas cosas por las que Jesús se apasionaba.

Lo contrario de la pasión es
la inactividad, la indiferencia, la neutralidad y la lentitud. Los creyentes
apasionados son fervientes en espíritu, en devoción, en servicio y celo por
Dios. Los corazones apasionados seguirán ¡siempre! viniendo a la casa de Dios,
anticipando algo nuevo cada vez que se reúnen. La pasión es por Jesús y sus
enseñanzas, por servir dentro y fuera de la comunidad, por dar materialmente lo
mejor de nosotros, por la comunión que se adquiere en la congregación de la
iglesia, aunque ésta establezca la casa de Dios en la sala o el patio de un
hogar, en un edificio rentado, en una calle, en una plaza, en un mercado o,
incluso, debajo de un árbol.
Según algunas estadísticas,
podríamos decir que cada semana cerca de 100 millones de personas asisten al
edificio donde se congrega la iglesia (es decir, el templo, la casa de Dios)
alrededor del mundo. A la semana siguiente, otro grupo diferente de 100
millones de personas podrían estar en la casa de Dios y no volver hasta dentro
de tres o cuatro semanas. El patrón de la asistencia es irregular por varias
razones: trabajo, familia, vacaciones, enfermedad, etc.
Pero la conclusión es que
cuando las personas estiman algo, les gusta estar cerca de ello y se
comprometen a hacer de ello algo aún mejor.
No es lo mismo asistir
constantemente a la reunión de la iglesia, que impactar con nuestra asistencia.
Uno puede asistir constantemente, pero no marcar ninguna diferencia.
Congregarse consistentemente no equivale a impactar espiritualmente a las
personas o manifestar compromiso. Las iglesias prósperas están llenas de
personas que "aman" a la Iglesia y "se comprometen" a hacer
de ella algo que maravillosamente atraiga a los de afuera.
4. Teniendo
Visión por la Iglesia Local

5. Perteneciendo
a la Iglesia Local
Cuando las personas sienten
que pertenecen a algo, piensan: "Yo soy parte de algo donde puedo dar y
recibir, sentir amor y afecto, atender y ser atendido. Yo puedo hacer una
diferencia y yo soy importante". Si las personas creen que pertenecen a
una iglesia local, entonces van a entregar su vida a esa familia.
¡Que el Señor Jesús nos ayude a animar a otros a que se
comprometan con Él, con Su Iglesia, con Su reino! Sólo iglesias comprometidas
logran impactar al mundo.